El frío, el bullicio y mi inexperiencia marcaron el camino hacía la cafetería. El cuerpo agradeció aquel caldo caliente. Sentado junto a la ventana podía observar tus descensos vertiginosos, me pareció mentira que luego siempre me recriminarás el superar los límites de velocidad cuando conducía. Fue extraño verla entrar por la puerta, nos conocíamos desde niños. Resulto gracioso como mostrando tu culo mojado desvelaste estar mi misma situación, cansada de las reiteradas caídas. Sonreíste y nos pusimos al día. Esos años sin vernos no tenía la certeza de si habían existido, todo resultaba como antes. Una mirada a través de la ventana, me indicaste tu acompañante, a lo que yo te desvelé mi pareja. Volvimos a cruzar la mirada, he hay donde surgieron de la nada esos años sin contacto alguno, en la melancolía de tus ojos.
Se suele decir que hay miradas que hablan lo que la lengua silencia.
Saludos.
y no suele engañar
Que en estas fiestas, la magia sea tu mejor traje, tu sonrisa el mejor regalo, tus ojos el mejor destino, y tu felicidad mi mejor deseo.