Las toallas bien dobladas y las bermudas en el cajón, y aunque nadie cantaba bailando con las farolas, hacía días que no paraba de llover. La casa era demasiado grande para estar tan vacía. Recorría las estancias una y otra vez. Obviamente nada había cambiado desde que entro en aquella habitación media hora antes, estaba solo en casa, tan sólo acompañado por el silencio. Y aun así esperaba encontrar algo. Pero allí jamás lo encontraría. El valor no se esconde debajo de la cama, las distancias no se acortan dentro del armario, ella no aparecería directa de su mente. Agarró el diario por enésima vez en el día, las noticias pronosticaban otra semana más de insoportable calor, la lluvia caía.
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